Diez años tras las huellas de las escuelas rurales de la provincia de León

La catedrática emérita de al Universidad de León Isabel Cantón lleva una década documentando las antiguas escuelas rurales de la provincia. Su último trabajo reúne cerca de 75 escuelas de La Vega y la Valduerna y reivindica su valor histórico, arquitectónico y como parte de la memoria de los pueblos

Diez años tras las huellas de las escuelas rurales de la provincia de León
Imagen del libro de ‘Las escuelas rurales de La Vega (Órbigo-Tuerto) y la Valduerna’

Las escuelas rurales guardan mucho más que pupitres, pizarras y recuerdos de infancia. Entre sus paredes se conserva una parte de la historia de los pueblos, de su arquitectura y de la evolución de la enseñanza, un patrimonio que, sin embargo, no siempre ha recibido la atención que merece. Esa es precisamente la realidad que lleva años documentando Isabel Cantón Mayo, catedrática emérita de la Universidad de León, que acaba de ampliar su trabajo con la publicación de ‘Las escuelas rurales de La Vega (Órbigo-Tuerto) y la Valduerna’.

Se trata de la cuarta entrega de una investigación que comenzó hace aproximadamente una década y que ya ha recorrido La Cepeda, La Maragatería, la Valdería y Jamuz. En esta ocasión, su último libro recoge cerca de 75 escuelas, con un exhaustivo trabajo de documentación que incluye fotografías, planos, informes de inspección y correspondencia conservada en distintos archivos.

El origen de este proyecto se encuentra en las propias aulas universitarias, Cantón explica que fueron algunas de sus alumnas de la zona de La Cepeda quienes le propusieron investigar las antiguas escuelas de sus pueblos: «Empezaron a decir que por qué no estudiábamos la escuela de su pueblo». Aquellos primeros trabajos de campo le parecieron tan interesantes que decidió ampliarlos y convertirlos en una publicación.

El primer libro lo elaboró junto a dos de aquellas estudiantes, que habían recopilado información sobre el terreno y consultado algunos archivos, para completar la investigación, Cantón solicitó autorización a la Dirección Provincial de Educación y a la Inspección para revisar sus fondos documentales y también se desplazó al Archivo General de la Administración donde consiguió reunir nuevos datos sobre los centros educativos.

Después llegó el estudio de las escuelas de La Maragatería, que tuvo que afrontar prácticamente en solitario, con colaboraciones puntuales de otros alumnos y, más tarde, al abordar la zona de La Bañeza, descubrió que su extensión era mucho mayor de lo que había previsto: «Creí que podía abarcarla como La Maragatería, pero La Baeza tiene cuatro subcomarcas», explica. El volumen de documentación terminó duplicando sus previsiones iniciales y optó por dividir el trabajo en dos publicaciones: una dedicada a la Valdería y Jamuz y otra, la recién publicada, centrada en La Vega y la Valduerna.

Escuelas con personalidad propia y arquitectos de prestigio

Uno de los aspectos más interesantes de este último libro es la clasificación arquitectónica que realiza la investigadora. Cantón distingue diferentes tipologías de edificios escolares que permiten comprender cómo se concebía la enseñanza y qué importancia otorgaban los pueblos a estos espacios. Entre ellas aparecen las denominadas escuelas protectoras, edificios de grandes dimensiones que combinaban dos aulas con las viviendas de los maestros, es el caso de Toral de Fondo o Castrillo de la Valduerna, donde las casas de los docentes contaban con planta y piso y balcones que daban mayor presencia al conjunto.

También identifica las escuelas fortaleza, construcciones robustas, generalmente de piedra, con edificios de gran tamaño que buscaban destacar y aislarse de su entorno. En esta categoría incluye centros como los de Toralino, Destriana o San Félix de la Vega: «Son unas escuelas muy potentes, muy grandes, con unas características muy fornidas».

Otra tipología es la de las escuelas de torre y peineta, reconocibles por sus frontones escalonados en la fachada, en la zona estudiada destaca la de Miñambres de la Valduerna, donde este elemento arquitectónico aportaba personalidad y prestancia a un edificio situado en un pueblo pequeño.

Precisamente, Cantón pone como ejemplo de pérdida patrimonial lo sucedido en Palacios de la Valduerna, allí existían tres aulas, cada una con su propia entrada y su correspondiente frontón y, aunque el edificio ha sido rehabilitado, durante las obras desaparecieron esos elementos: «Cuando las arreglan está bien, pero tiene que respetarse la idiosincrasia que tienen estas escuelas«.

El estudio también permite conocer el trabajo de arquitectos de reconocido prestigio que participaron en el diseño de estos centros. Entre ellos figura Francisco Blanch y Pons, pariente de Antoni Gaudí, que llegó a León coincidiendo con la intervención del arquitecto catalán en el Palacio Episcopal de Astorga.

Cantón relata una historia especialmente significativa relacionada con la escuela de Huerga de Garaballes, en Soto de la Vega. Los documentos conservados reflejan que, a partir de 1904, los dos maestros del pueblo se negaron a ocupar la vivienda que se les había asignado por su deteriorado estado, durante años se sucedieron las cartas entre los docentes, el arquitecto, el alcalde y los responsables educativos, hasta que finalmente se reconoció la necesidad de construir un nuevo edificio.

La investigadora destaca que aquella insistencia evitó que se repitiera una tragedia ocurrida en Almería, donde el derrumbe de una escuela en mal estado acabó con la vida de un maestro y sus alumnos. En Huerga de Garaballes, la reclamación de los docentes consiguió que se levantara una nueva construcción, diseñada por Blanch y Pons, que todavía se conserva y actualmente funciona como centro social y casa del pueblo.

El libro incorpora asimismo referencias a otros arquitectos como Ramón Cañas del Río, Flores Urdapilleta o Calleja. De cada escuela se recogen, siempre que ha sido posible, el año de construcción, el autor del proyecto y los planos y croquis originales.

«Se ningunea constantemente a las escuelas»

Pese al valor histórico, arquitectónico y educativo de estos edificios, Cantón considera que las antiguas escuelas rurales continúan siendo un patrimonio poco reconocido: «No hay ninguna conciencia social. Se ningunea constantemente a las escuela».

La investigadora lamenta que las administraciones hayan respaldado estudios sobre otros elementos del patrimonio rural, como los palomares, los molinos, los ríos o las fábricas, mientras que las escuelas no han contado con el mismo reconocimiento ni con financiación suficiente.

Una situación que amenaza la continuidad de su propio proyecto. Cantón asegura que dispone de documentación para seguir investigando otras zonas, pero que no puede asumir los costes de nuevas publicaciones: «Me han pedido que haga las escuelas de la Cabrera o las del Órbigo, pero yo hago esas escuelas y ¿quién compra los libros?».

Cada volumen supone entre tres y cuatro años de trabajo, además de desplazamientos, consultas en archivos y gastos que hasta ahora ha afrontado personalmente.

La Cabrera es uno de los territorios que le gustaría abordar, tiene buena parte de la documentación recopilada, aunque todavía necesita completar algunos datos, sin embargo, reconoce que no puede dar el paso sin financiación o algún tipo de patrocinio que garantice la publicación y su distribución.

Frente a la falta de respaldo institucional, destaca la buena acogida que han tenido sus libros en los propios pueblos. En la reciente presentación celebrada en Huerga de Garaballes, coincidiendo con el Día de Todos los Santos, se agotaron los ejemplares, algo que también ocurrió en Riego de la Vega y en otras localidades donde ha presentado sus investigaciones.

La escuela como memoria viva de los pueblos

Para Cantón, el valor de estas construcciones va mucho más allá de su función educativa: «La escuela es la memoria viva, es un lugar de la memoria«. De hecho, en sus investigaciones ha documentado edificios que ya han desaparecido por completo. En el libro dedicado a La Maragatería recogió cuatro escuelas que ya no existen, mientras que en el de La Vega y la Valduerna únicamente ha localizado una sin restos materiales.

Aun así, incluso cuando los edificios han desaparecido, los archivos permiten reconstruir su historia. Es el caso de Alcaidón, donde consiguió localizar el plano de la vivienda de la maestra.

La investigación también ha sacado a la luz elementos curiosos de la vida administrativa y social de los pueblos, como el arca de las tres llaves. Se trata de un mueble en el que se guardaban documentos, dinero y escrituras relacionadas con el municipio, incluida la fundación de la escuela. Su apertura requería la presencia simultánea de tres personas: el párroco, el alcalde y el maestro, cada uno con su correspondiente llave. En el último volumen aparece documentada la de Villarnera, aunque también se han localizado ejemplares en lugares como Astorga.

Otros hallazgos de sus anteriores investigaciones tienen que ver con la presencia de acacias frente a algunas escuelas. Según explica Cantón, este árbol estaba relacionado con la simbología masónica y su plantación delante de determinados centros podía indicar que allí había ejercido un maestro masón. La investigadora encontró ejemplos en Tabuyo y Castrocontrigo.

También ha podido establecer paralelismos entre el mobiliario escolar conservado en la provincia de León y el de otros países europeos. En el museo de Castrocalbón ha encontrado pupitres bipersonales similares a los que se exponen en Carcassonne (Francia), y en un museo escolar de la Universidad de Lovaina, en Bélgica. Una comparación que, a su juicio, evidencia la importancia de conservar también los objetos vinculados a la enseñanza.

Isabel Cantón continúa investigando desde la Universidad de León, donde conserva su despacho como catedrática emérita vitalicia, y también desde casa. Su trayectoria académica, vinculada a la didáctica y la organización de centros educativos, explica su interés por conocer no solo cómo se enseñaba, sino también dónde se desarrollaba esa enseñanza.

Los libros de Isabel Cantón sobre las escuelas rurales pueden adquirirse a través de la editorial Eolas. En su catálogo se encuentra disponible el último, ‘Las escuelas rurales de La Vega y la Valduerna’, así como los ejemplares que todavía quedan de las anteriores publicaciones. Los interesados pueden consultar la disponibilidad y realizar sus pedidos a través de la página web de Eolas Ediciones.

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