La zozobra sobre el próximo Congreso regional del PP queda atrás. Entramos en la Bimilenaria que conserva su perímetro campamental romano con una interesante Muralla pétrea con reconstrucciones medievales. Tantas veces fue destruida y otras tantas fue levantada. Astorga huele a chocolate. De los siglos XVIII y XIX conserva aún su tradición chocolatera. Elixir reconstituyente que encontraron los hombres de Hernán Cortés en el imperio azteca. Eso sí, con la amargura del cacao sin azúcar y los compañeros muertos en tan desigual combate. Tardes de chocolate con mantecadas, con bizcochos y conversación intrascendente con las amigas o con el señor cura que vino de visita. Salones de té y chocolate caliente para hacer más confortable el invierno continental de las tierras maragatas.

En Astorga, ¿quién no recuerda la merienda preparada con mano maternal y una pastilla de chocolate «del de hacer» como acompañante? Hoy esa industria aún mantiene en la ciudad y en varios puntos de la comarca «obradores» donde se fabrica este dulce. Ahora los hay de mil colores, formas y sabores, ¡hasta de cecina y chocolaterapia! Lo que son las cosas: un matrimonio que para gustos hay sabores… El Museo del Chocolate, de los pocos en su género, es digno de visitar si se va a Astorga. Y de paso, recorramos la Ruta Romana, el Museo Romano e impregnémonos del legendario mundo clásico que tanto ha aportado en nuestra propia cultura.

Roma y el chocolate han sido las apuestas temáticas de la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Astorga en los primeros compases del 2017. Actividades y programas diversos en torno a estos dos mundos tan cercanos, y a la vez, tan distintos. Y mientras buscamos en el poso de la taza el futuro del dirigente del PP de Castilla y León nos vamos retirando, que ya viene rezumbando el ritmo del Sábado de Piñata carnavalero.

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