Juan López “La primera vez que le pregunté a la médica si podría volver a jugar me dijo que, ante todo, la recuperación personal. Después ya se vería; y salió por la puerta sin dar más explicaciones”. Roberto García Puente, de 30 años y de Quintana de Fuseros (León), se dio cuenta en ese preciso momento de que el fútbol podría haber terminado para él tras sufrir un accidente de moto a tres kilómetros de su casa. Sucedió en septiembre de 2014. “Se me pasó de todo por la cabeza”, recuerda visiblemente emocionado, con los ojos humedecidos, quizás porque no quiere reconocerlo, pero en ese accidente, por fortuna, salvó algo más que su pasión por el balón. Hoy disfruta de nuevo jugando, en Astorga y en la selección Castilla y León UEFA, que disputa en Estambul la Copa de las Regiones y de la que Puente es, de momento, el máximo goleador.

Su condición de delantero agresivo y corpulento, el ‘Hulk’ de Astorga, no cambia nada en la transmisión de sus emociones. Cada vez que lo recuerda le entra un ligero escalofrío. Lo hace minutos antes de retirarse a descansar tras una semana de concentración en Turquía que es “dura”, pero que es “algo único”. El caso de Puente es especial en la capital maragata, donde es muy querido. No hay nadie que no conozca al berciano, al que agradecen que se quedara a pesar del descenso del pasado año.

Aquella temporada, acababa de ascender a 2ª B con el Atlético Astorga, disputó las tres primeras jornadas e incluso había anotado sus dos primeros goles en la categoría de bronce, frente al filial del Valladolid. La felicidad era máxima al compartir plantilla con su hermano, Porfirio García Puente, ganador en 2009 de la Copa de las Regiones celebrada en Croacia, trofeo que se encuentra en las vitrinas de la Federación de Fútbol de Castilla y León.

Y entonces su sueño se truncó… “En una curva, la moto se me fue. Se me habían bloqueado los frenos de atrás y me salí. Me levante con muchas rozaduras, pero sin dolores. Y ya en el hospital me dijeron que el diagnóstico era una fractura lumbar, la L3. Me dio un bajón”, recuerda Puente, mientras niega con la cabeza. Unos amigos suyos circulaban con el coche detrás y lo vieron. “Me dijeron que fue espeluznante”, añade con la mirada perdida.

Roberto García Puente. / Rubén Cacho

Sus ansias por volver, su amor por este deporte, su entorno y familia, las facilidades otorgadas por su club y, principalmente, un afán de superación digno de elogiar, provocaron que Roberto García Puente se pusiera “manos a la obra”. Lo primero, en manos de un fisio de confianza, en Clínica Vázquez, en Ponferrada.

Hay luz al final del túnel

Y ahí empezó a ver la luz. Pero no todo fue tan sencillo: “Pasaba mejores y peores momentos. Yo mismo me decía que acabábamos de ascender, que ahora que lo tenía todo… Lo asimilas y ya está, es el primer paso para saber que lo vas a superar. Y más cuando me dijeron que había que recuperar con prudencia, que era una lesión que no es que me dejara fuera del fútbol, sino que podía provocarme problemas para la calidad de vida”.

Tras una temporada en el dique seco pensando lo que pudo ser y no fue, Puente volvió al terreno de juego casi al final y pudo disfrutar de otros cinco partidos de la 2ªB. Lo hizo plenamente al año siguiente, pues su Astorga mantuvo la categoría la primera temporada, aunque no así la segunda. Este año, Puente ha mostrado sus cualidades de ‘hombre gol’ y en Tercera ayudó a devolver la ilusión a los aficionados maragatos, que hasta el último minuto de la final contra el Vitoria vasco pensaron que el equipo regresaría a la categoría de bronce. Pero no fueron suficientes los dos tantos anotados en La Eragudina por el ariete berciano hace algo más de una semana. Faltó uno más. Ahora espera quitarse la espina con el título en Turquía, donde es uno de los más queridos y bromistas dentro de un grupo que emana unidad.

Puente cierra la conversación con un mensaje hacia los niños y adolescentes que conforman las categorías inferiores del fútbol regional y nacional. “Que disfruten de la vida. Pero si van a realizar deporte, que piensen en que a veces es mejor aparcar la moto, porque una caída absurda te deja fuera de lo que te hace feliz. Cuando se retiren, ya tendrán tiempo”, sentencia.