Los concejales de la capital leonesa salieron satisfechos del congreso que el PP celebró el pasado fin de semana en el Parador de San Marcos. Hablan del “Pacto de las Instituciones”, es decir, entre la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de la capital. Silván, en la sombra, sonreía; Majo, en lo más alto del estrado, iba en su búsqueda para fundirse en un abrazo. Salguero, Mejías, López Benito, García Prieto y algún otro más aplaudían a rabiar. Al lado, la alcaldesa de Ponferrada, Gloria Merayo, miraba de reojo.

La asignatura pendiente sigue siendo El Bierzo, donde el PP no es que esté en crisis, es que ya  casi ni existe. Ruinas sobre ruinas. Ángel Calvo va a tener trabajo. Tendrá que partirse en dos, por un lado para tratar de apagar los mil fuegos que tiene en nivel 1 en Diputación; y, por otro lado, dedicarse a la reconstrucción del partido en El Bierzo. ¿Tendrá tiempo? ¿le dejarán?

En los días anteriores al Congreso, Merayo no ha parado de viajar hasta la capital leonesa. Incluso para jugar al despiste elegía la cercana cafetería Victoria, aledaña al Palacio, como lugar de encuentro con el presidente Majo. La alcaldesa le ha pedido ayuda en todos los sentidos a Majo. Está bien eso de los ejes. Silván prefiere el eje con Valladolid y con Palencia; ahora, Majo tiende el puente institucional con el Ayuntamiento de la capital; pero ¿y Ponferrada?

Es curioso, sólo la presidenta de las Cortes, Silvia Clemente, más mañuequista que el propio Mañueco, se acordó en los discursos de pedir en el Congreso que se cerrasen filas en contra del  anunciado cierre de las centrales térmicas de Compostilla y Anllares del Sil, ambas en El Bierzo. Ese cierre va a ser otro duro golpe no sólo para la economía sino para la autoestima y la confianza en sí mismos de los bercianos. Sí, es cierto, que el Pleno de la Diputación no hace nada más que aprobar mociones, de esas que son un brindis al sol y que no comprometen a nada, para pedir a los gobiernos superiores que no cierren térmicas, ni minas, ni vías férreas. Ahora, como presidente del PP, Majo deberá pasar de las musas al teatro; es decir, menos brindis al sol y más rotundidad en las reivindicaciones.

El otro berciano ilustre y diputado nacional, Eduardo Fernández, quien a la salida del Congreso en el Parador parecía que había adelgazado bastante al dejarse dentro varios kilos de responsabilidad, angustia y agobios, es más partidario del “Pacto del territorio”. Ya se sabe, tú no me pisas mi territorio, yo no piso el tuyo, Más claro: Tú me respetas mi acta como diputado nacional y yo respeto tu Presidencia de la Diputación, tu Alcaldía o tu primer puesto en la lista al Senado. Equilibrio de poderes, que se llama. Y todos contentos.

Lo que sucede es que han aflorado poderes emergentes en este Congreso que no tienen territorio, como el nuevo portavoz Ricardo Gavilanes. Joven, ambicioso, preparado, listo y, todo hace indicar, que más maquiavélico que el príncipe César Borgia.

Así que se adivinan empujones de cara al 2019. Claro que antes están las inevitables y necesarias reconstrucciones de las juntas comarcales y locales. Majo ha tratado de atar la lealtad de presidentes comarcales que son diputados provinciales en una ejecutiva arco iris. Al final, ¿qué prevalecerá, el pacto institucional o el territorial?