El PSOE leonés anda estos días patas arriba como corresponde a un duro proceso precongresual al que concurren tres candidatos: Díez, Cendón y Moreno. Andan con las espadas dialécticas afiladas, también como corresponde a la larga tradición socialista a la hora de solventar sus diferencias internas en la provincia. En este caso, lo sorprendente es la actividad de un cuarto invitado en este debate, el actual secretario general, Tino Rodríguez, quien  ha terciado en la batalla poniendo a escurrir al secretario  general del partido, el todopoderoso Pedro Sánchez, por decisiones tomadas a favor del cierre de las centrales térmicas y, con ello, el fin definitivo de la minería del carbón. Es como si Tino quisiera morir matando y de paso echar una mano a quien se considera su protegido: el joven Cendón.

En cualquier caso, en este debate interno socialista lo que más sorprende es el plácido oasis en el que vive el grupo socialista de la Diputación. Es más, viendo lo que sucede en algunos plenos de la Corporación Provincial, habría que preguntarse si existe el PSOE o  si los socialistas, como dicen los números,  son el primer partido de la oposición.

Qué placidez la del presidente popular Martínez Majo marcando el rumbo de la Diputación. Sí, es verdad que tiene mayoría absoluta, pues razón de más para que, al no tener que perder nada, hubiera enfrente una oposición dura, trabaja, fajadora, peleona y combativa. Si hay que buscar con lupa algo de este tipo de oposición habría que fijarse en el veterano e histórico Matías Llorente, ahora en las filas de la UPL. Llorente es el único que sabe a ciencia cierta el terreno que pisa y el único que, de vez en cuando, hace oposición  de verdad al rodillo de Majo y  los suyos. Domina los tonos de las intervenciones y sabe modular los usos de la ironía, el bocinazo y el puñetazo en la mesa. Mano de hierro con guante de seda. Y poco más.

Ahí está el ejemplo del último Pleno, con tres asuntos históricos: retirada de los símbolos franquistas, parques de bomberos comarcales y amortización de la deuda. Tres temas de calado, de muchas aristas para trabajar una oposición razonada y, con ello, marcar diferencias. Pues, bien sólo Llorente, el tenaz Juan Carlos Fernández y el monotemático representante del Bierzo, Pedro Muñoz, consiguieron desde sus posiciones de francotiradores solitarios sacar mínimamente los colores al rodillo popular.

¿Dónde está la izquierda de la Diputación? La respuesta es clara: ni está ni se la espera. Al menos, hasta que el futuro secretario general del PSOE provincial tome posesión de su cargo y entre a dirigir al grupo socialista de la Diputación. Porque hay temas pendientes y desde el PSOE no se debería permitir el dolce farniente en el que se ha instalado el grupo popular. Las estaciones de esquí, el caso Carflor, Gersul, San Cayetano, los parques de bomberos, la inversión de los remanentes y el superávit, el caso Púnica y tantos y tantos casos en los que los socialistas pasan de puntillas, sin poner en un aprieto a Majo. ¿Cuándo convocó el PSOE de la Diputación su última rueda de prensa?  Ni se sabe.

Al menos, el otro candidato, Díez, el portavoz en el Ayuntamiento de la capital, no para de dirigir estocazos políticos contra el alcalde Silván. Se topará contra el muro municipal PP-Ciudadanos, pero la verdad es que lo intenta y, en más de una ocasión, hace mella en ese infranqueable muro. En Diputación, los socialistas, están al pairo, al amor de la corriente, en continua calma chicha. Como si el compromiso no fuera con ellos. Ay, qué pena.