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Opinión


21 de noviembre de 2014

Manos a la obra


Desde hace algún tiempo todos, independientemente de nuestra ideología, formación, provincia, ciudad de residencia… Somos conscientes de que es necesario regenerar instituciones y partidos, y que romper lo que tanto esfuerzo ha costado construir no sería lo correcto. Evidentemente no puedo hacer más que sumarme a este pensamiento de regeneración, pero creo es necesario que como sociedad demos un paso más. Es necesario, cuando no urgente, que como sociedad empecemos a reflexionar que quizás muchas de las conductas socialmente extendidas deban ser modificadas, para poder así ir poco a poco terminando con todas aquellas actuaciones despreciables con las que nos toca vivir a diario, y que si bien es cierto son actos lamentables de individuos concretos, el trasfondo social que subyace en todas esas actuaciones es notorio. En nuestro país existe con demasiada frecuencia la costumbre de no castigar desde el punto de vista social al corrupto o tramposo hasta que no lo hace un tribunal, eso sí, lo de prejuzgar y condenar de antemano es algo que parece todo un deporte nacional. Existe la “extraña” costumbre de llamar “pillo, listo, hábil…” a aquel que es capaz de hacer de la trampa un arte, esquivando según el caso a la Agencia Tributaria, Organismos de Control o a un humilde árbitro.

Por tratar de reflejar un símil clarividente podemos acudir al terreno deportivo, un territorio donde está terriblemente extendido aquello de decir: “el fútbol es para listos” pero ¿De qué tipo de “listos” hablamos? ¿Es un buen valor social educar en este tipo de listuras o habilidades?, ¿Qué les estamos enseñando a los jóvenes cuando les decimos que estas personas son listas, hábiles o pillas? ¿Acaso existe diferencia entre que te pillen o no para decir que algo es bueno o malo?

Evidentemente el símil utilizado anteriormente solo trata de mostrar con un breve ejemplo aquello que pasa desapercibido a nuestro ojos de forma rutinaria pero que acaba demostrando, con pequeños detalles como este, que tipo de sociedad tenemos. Una sencilla frase como “el fútbol es para listos” es harto escuchada por todos los que alguna vez realizamos este deporte y donde todos somos sabedores de que este término “listo” se relaciona directamente con aquel que es capaz de fingir faltas, empujar o agarrar al rival sin ser visto, o simplemente cuando el que juzga, el “árbitro”, no mira. El problema surge cuando este tipo de actuaciones no son castigadas socialmente, sino alabadas por todos, incluso por padres y amigos. El problema surge cuando el árbitro te pilla y es entonces cuando desde el punto de vista social nos planteamos… “¿Por qué lo hizo?” Pues bien, lo hizo porque sus compañeros no lo juzgan ni lo condenan, su entrenador lo consiente y los espectadores lo alaban… “El fútbol es para listos” ¿Recuerdan?

Creo podríamos extrapolar este ejemplo a otros terrenos, sin bien más farragosos, donde los perjudicados somos todos y que a buen seguro no es necesario describir.

Varios son los teóricos e intelectuales que ya han comentado en algún artículo que no existe mejor forma de aminorar, rebajar o incluso reducir los malos comportamientos sociales que con el propio castigo o juicio social. Cuando algo está socialmente castigado, la sociedad tiende, por si sola, a minorar este tipo de conductas. Quizá la razón de que en los países del norte de Europa la corrupción sea un término menos conocido que en esta parte del continente no está en la honradez de unas determinadas personas, sino en la honradez y en el castigo social que una persona no honrada sufre con sus vecinos, amigos y familiares. Si cuando algún jugador finge una falta tuviera el castigo social de una pitada de la grada, o un castigo por parte del club, socios, o incluso compañeros seguramente este tipo de actuaciones no se produjeran con tanta frecuencia, sabedores del castigo social que se generaría en contra de su actuación, que seguro sería peor para el futbolista que cualquier sanción económica de una federación.

Creo que es hora de que las nuevas generaciones de este país, y las no tan nuevas, empiecen a inculcar estos valores en la sociedad porque sino, y perdonen que me muestre pesimista, difícilmente dejaremos de ver “piscinazos”, “tarjetazos B” y “comisiones”. Educar en valores sociales y castigar socialmente a los que no los cumplan es la mejor forma de mejorar el país, instituciones, partidos, equipos deportivos e incluso comunidades de vecinos… Evidentemente todas estas actuaciones llevarán tiempo, tendremos que cambiar algunas costumbres demasiado interiorizadas en nuestra cultura de país pero creo firmemente que somos capaces de hacerlo. Fijarnos en otros países que consideramos ejemplo, que también tuvieron que pasar por este viacrucis social, y aprender de ellos para poder acoplarlo a nuestro país con la mayor celeridad posible, debe ser nuestra obligación.

No es cosa de unos pocos sino de todos, así que “manos a la obra”.

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Esta entrada tiene 1 comentario(s).

  1. creo Javi que este comentario como no empiece en el nucleo familiar educar desde casa nada se va ha conseguir,enhorabuena por tu articulo……educacion,educacion y mas educacion en casa saludos.

Los comentarios han sido cerrados.

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