Los resultados de las elecciones a secretarios generales provinciales en el PSCL no han hecho sino corroborar la división y problemas internos que padece el socialismo regional. Tudanca tuvo su premio, su bingo, al apostar a Pedro Sánchez frente a Susana Díez. De hecho en puestos nacionales se han ubicado varios castellano y leoneses socialistas. Hasta ahí todo perfecto.

Sin embargo, a excepción de Soria, que parece un verso suelto en el mapa socialista regional, el susanismo, o lo que es lo mismo, las estructuras que apostaron por lo contrario a Pedro Sánchez se ha impuesto en cuatro provincias más: Ávila, Salamanca, Palencia y León. Con lo cual, Tudanca no puede precisamente presumir de un partido que camina unido en torno a su claro liderazgo. En León, «su» candidato, Diego Moreno, ni se quedó a la pactada declaración pública conjunta en cuanto supo de su derrota. Muestra clara de mal perder. Tan sólo Burgos, Valladolid, Segovia y por los pelos Zamora, cuentan con una mayoría pro-Sánchez, pro-Tudanca por efecto rebote.

Y aunque a todos los candidatos en las nueve provincias les hemos escuchado el mismo discurso de unidad, de un PP que se antoja sin mayoría absoluta al alcance desde hace décadas -más pensando en postreros pactos con todo lo que sea oposición versus IU-Podemos- queda un auténtico Everest para que el PSCL sea realmente una alternativa cohesionada en torno a un jefe de tribu al que todos los lugartenientes y el público en general vean un ganador nato. No por mucho repetir la palabra «unión» ésta se consigue. Lo mismo que si en reiteradas ocasiones se te están enviando mensajes de que no se te ve como líder, por mucho que ostentes el cargo lo eres de verdad. Es la diferencia entre tener autóritas sólo y anhelar la potestas.

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