Parece que la actualidad gira, constantemente, alrededor de las últimas novedades tecnológicas. Cada día vemos nuevos usos para la inteligencia artificial, innovadores servicios online, trámites que se agilizan gracias a la versión digital y tantos otros ejemplos. No es de extrañar.
Después de todo, este formato actual se ha erigido como una alternativa muy cómoda frente a las opciones presenciales tradicionales. Hoy, muchas de las transacciones se realizan con la banca electrónica. También las tragaperras online gratis son más accesibles y tienen horarios más amplios que las máquinas físicas de antaño. ¿Y quién recuerda la liturgia de tener que ir a un videoclub a alquilar una película? Las plataformas de streaming han impuesto su modelo.
Por no hablar de los videojuegos. Cada vez más avanzados y con mejores recursos técnicos. Parecería lógico pensar que han desterrado a los juegos de mesa, que ahora se verían simples y anticuados. Pues nada más lejos de la realidad. De hecho, se trata de un mercado que, más que consolidarse, está en plena expansión. España es un buen ejemplo de ello. Y el éxito de algunos juegos con firma nacional lo atestigua.
En nuestro país, las ventas en 2023 mostraron un sensible crecimiento de un 7% respecto del año anterior, generando una industria con una facturación de 150 millones de euros. A nivel global, se espera que este 2025 las ventas mundiales lleguen a los 16.000 millones. Y, entre los más vendidos, tanto aquí como en el resto del planeta, muy probablemente estará “Catán”, editado por la empresa española Devir.
Devir, con su popular juego y la adquisición de otras compañías, ya preveía unos atractivos resultados para este 2025, en un contexto donde este tipo de productos tiene un nicho de mercado muy interesante. Cabe señalar que ellos, gracias a “Catán” y otros títulos, también han colaborado en la generalización de un tipo de ocio que, aunque podía asimilarse otros tiempos, nunca ha llegado a pasar de moda.

La pregunta que algunos se estarán haciendo es: ¿por qué ahora? ¿Qué motiva a unas generaciones que tienen todo el acceso a la tecnología actual a reunirse frente a un tablero clásico? En primer lugar, es preciso tener en cuenta que estos entretenimientos han tenido un público fiel durante muchos años; el crecimiento actual se apoya en una base que ya es amplia.
Por otro lado, escoger este tipo de ocio no implica, en absoluto, renunciar a opciones digitales actuales. Más bien, se trata de posibilidades complementarias. Sería un error imaginar a los seguidores de los juegos de mesa como un colectivo impermeable a la tecnología. En realidad, la idea es aprovechar las oportunidades de disfrutar con amigos de una actividad presencial, cara a cara, en la que el feedback es inmediato.
Influye, innegablemente, el cambio de algunos hábitos al socializar y disfrutar del tiempo libre. Las alternativas nocturnas parece que van de capa caída. Ahora, es más frecuente una reunión de grupo de colegas que prefiere, con mayor tranquilidad y sin un gasto elevado, pasar el rato con una cena o unas tapas. A este respecto, este tipo de juegos, además, tienen una muy buena imagen, ya que fomentan el uso de las capacidades cognitivas.
No es extraño, pues, que algunas comunidades e instituciones fomenten estos juegos o los incluyan en programas de actividades más amplios y variados. Tanto a nivel colectivo, como para personas que tienen previsto recibir visitas de sus amistades en casa, las compras de estos entretenimientos son responsables del crecimiento de la industria. Y todo ello aún se potencia más con la presencia de nuevas tiendas especializadas y portales de venta online.
Y no podemos olvidar el aumento paulatino del catálogo existente, con títulos de todo tipo de géneros y temáticas, y un gran alarde de creatividad para su diseño. Muchas opciones diferentes para la preferencia de los usuarios; desde los grandes clásicos, hasta juegos populares de los últimos años, como “Virus” y sus variantes.
Seguramente, aún podemos dar más razones para este fenómeno. Pero lo que está claro es que el ocio tradicional no ha muerto. Bien al contrario, se ha adaptado a los nuevos tiempos y ofrece interesantes alternativas a lo digital.