Violeta R. Oria / Quinito  Frank Méndez es un venezolano residente en Costa Rica desde hace 24 años, “los mismos que llevaba deseando venir para acá y hacer el Camino de Santiago”, explica. Siempre se dijo que, de una manera u otra, antes de cumplir los 50 lo haría. Y así ha sido. “Quería  hacerlo solo, meditar lo que ha sido mi vida hasta ahora y lo que quiero que sea en adelante. Para mi los 50 años, que cumpliré en tres meses, suponen un punto de inflexión”. Hasta ahí, su historia sería una más entre las miles que cada año llevan a tantos peregrinos a la Ruta Jacobea. Pero la de Frank no es una historia más. Pues si el trayecto resulta duro para cualquier peregrino, para él ha sido mucho peor, y lo ha realizado con la única compañía de su silla de ruedas, tres baterías para ésta y una mochila. Se ha caído, se ha cansado hasta la extenuación, se ha perdido, se las ha visto con barreras arquitectónicas, ha llorado… pero lo ha conseguido. La semana pasada llegaba a Santiago de Compostela y poco después a Finisterre.

Frank Méndez en una etapa de su camino. / QUINITO

“Mi mujer había venido cinco meses antes tanto para hacer el Camino como para inspeccionarlo para mí, y me dijo que estaba difícil; pero en casa ya me conocen, me atreví. Si no te sientes con capacidad de hacer las cosas por temor no haces nada, yo tengo pasión por vivir, y tengo mucho que agradecer. Yo los temores los dejé en casa”, señala. Desde Costa Rica llegó a Barcelona y desde allí se trasladó a la localidad francesa de  Saint-Jean-Pied-de-Port, en Francia, enfrentándose a los primeros problemas: un autobús no adaptado y un albergue cerrado. “Pero me encontré con ‘tres ángeles’, tres jóvenes que hacían el Camino en bicicleta, de nombre Javier, como yo -Francisco Javier- , que me ayudaron. Qué casualidad, ¿verdad? ¡Los cuatro javieres!”. Posteriormente, en su desplazamiento a Roncesvalles le escoltó en uno de los tramos la Policía, avisada de que un hombre en silla de ruedas avanzaba por una carretera cubierta por la niebla. “¡Pensaban que estaba loco!”, dice entre risas.

Frank Méndez en Foncebadón.

Nuevos albergues con barreras, falta de puntos de recarga para las baterías de su silla, la imposibilidad de alquilar una bicicleta adaptada, los apuros para poder hacer sus necesidades fisiológicas ante la carencia de aseos accesibles, lo que en una ocasión incluso le llevó a orinarse encima y a cambiarse como pudo al lado de la carretera… Pero lo peor fueron las caídas, una de las cuales le obligó a pasar la noche en la cuneta. Allí, las lágrimas de impotencia, de tristeza, se transformaron en lágrimas de alegría ante un cielo estrellado, la soledad pasó de ser amenazante a íntima. Aquella noche, cuenta Frank, fue toda una experiencia, que finalizó cuando fue auxiliado a la mañana siguiente por unos peregrinos. También ha habido mucho de aventura de viajes en su camino, como los últimos 100 kilómetros hasta Santiago que realizó a caballo (previamente, el puerto de Piedrafita lo tuvo que hacer en coche por sus pendientes). Pero si tiene que escoger algo, Frank se queda con la gente que ha conocido. “La gente me ha ayudado, me ha cuidado, tanto los peregrinos como el personal de los albergues, para el que solo tengo buenas palabras, pues han suplido la falta de condiciones incluso llevándome en brazos”.

Y es que Frank se ha convertido en un ejemplo a seguir en las redes sociales, especialmente en Facebook, donde ha compartido su experiencia con otros peregrinos. “Vengo haciendo el Camino por la carretera -por donde la silla puede ir-y, no solo es España, el mundo no está preparado para nosotros”, afirma en alusión a su condición de discapacitado físico. No quiere centrarse en críticas concretas porque, a pesar de las dificultades, Frank se muestra agradecido y por eso quiere quedarse con lo bueno. “Ha sido muy bonito, he vivido la magia del Camino, momentos tristes pero también alegres, he hecho amigos y amigas con los que sigo en contacto. Siento tanta gente ahorita que me viene siguiendo, yo he tratado de ayudar a las personas en el camino de mi vida, y ahora han sido otras personas la que me han ayudado a mí, y yo a ellas, porque muchas, cansadas, me decían, ‘Francis, si tú lo has podido hacer yo también’. Es con eso con lo que me quedo”, concluye.

Fotos: Frank Méndez / Quinito