Entre las costuras de la Semana Santa

Con 25 años de experiencia en el sector, 'Túnica y Capillo' elabora las prendas que lucen todas las cofradías de León y la mayor parte de las de la provincia

Fotos: CARLOS S. CAMPILLO

ELENA F. GORDÓN / ICAL “Somos de Corbillos de los Oteros pero llevamos en León toda la vida”. Paquita y Sagrario Laguna Matataguí regentan ‘Túnica y Capillo’ y acumulan 25 años de experiencia en la confección de los trajes que visten los miembros de las cofradías leonesas. Aunque hay otras modistas y algunas tiendas que también llevan a cabo esa labor, ellas regentan el único negocio al que le encargan sus prendas todas las cofradías de la capital (16) y buena parte de las de la provincia. Astorga, Villamañán, Villafranca del Bierzo, Benavides, Boñar, Santa Lucía de Gordón… son sólo algunos ejemplos de los pueblos leoneses que confían a estas hermanas la confección de los trajes que lucen en esa celebración religiosa.

“Empieza todo con el diseño, se hace el patrón, se corta y empieza la confección”, detalla Sagrario y recuerda que en una provincia donde el frío, la lluvia e incluso la nieve no son ajenas a las procesiones, las telas ligeras que les ofrecen proveedores acostumbrados a las exigencias, por ejemplo, de las cofradías del sur no sirven. “Aquí, sargas -mezcla de lana y tergal-, rasos y terciopelos de algodón son las telas que se emplean en la elaboración de los trajes”. Túnica, capillo y cíngulo son las prendas que componen la vestimenta. La capa, en algunos casos, y los escudos complementan el atuendo de los miles de cofrades y ellas trabajan también faldas de pasos, guiones, en definitiva, todos los elementos de tela que son protagonistas de la Semana Santa leonesa.

En plena temporada alta de su negocio, el horario de trabajo es casi infinito. Siempre hay encargos de última hora, imprevistos, arrepentidos que no pensaban procesionar y finalmente lo hacen… a ellas no les sorprende porque están acostumbradas a ese ritmo más que intenso que las impide disfrutar de la Semana Santa. “Somos de varias cofradías pero no te voy a decir de cuáles porque si no las otras… Hemos salido algunos años pero trabajamos muchísimas horas, sobre todo las dos últimas semanas y acabamos agotadas”, reconocen.

Casi desbordadas de tarea, pero con la situación controlada gracias a la experiencia, comentan que la crisis también ha tenido su reflejo en esta actividad. “Ahora la cosa está algo más tranquila. La crisis se ha notado en que la gente aprovecha más los trajes, por ejemplo, si queda un poco corto pero se puede aguantar un año”. Los complementos encarecen el precio de un traje que, por ejemplo, en una talla mediana puede costar desde 180 euros a más de 600.

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Más allá de León

El trabajo de Sagrario y Paquita ha traspasado las fronteras de León. “Hace unos seis años hicimos 300 capas de una cofradía de mujeres de Zamora. Ahora ya ni cogemos encargos pero cuando hacíamos los trajes de las bandas de música hacíamos en Medina de Rioseco, Valladolid o Palencia”, detallan. También hasta Huesca ha llegado el trabajo de ‘Túnica y capillo’. De las negras, que son las más utilizadas, tienen un amplio stock para poder hacer frente a los pedidos, que abarcan todas las tallas, desde la 1 de bebé hasta adultos de gran tamaño. “Una túnica dura toda una vida pero siempre hay muchos hermanos nuevos, sobre todo los niños, a los que hacen cofrades desde bebé y arreglos, encargos de un año para otro”, comentan.

Lo más duro de su trabajo, explican en principio, son las horas, “demasiadas”, que tienen que dedicarle y la mejor recompensa la ven “en las caras de los niños” y en “salir y ver una procesión y un paso y ver que todo fue bien”. Inmediatamente matizan y afirman que los peores momentos se dan cuando el mal tiempo obliga a suspender las procesiones “y los niños vienen llorando porque no pueden salir”. Aceptan, entre sonrisas, que son las diseñadoras leonesas con la pasarela más concurrida. Miles de modelos y decenas de miles de espectadores contemplan cada año su obra.

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Secreto profesional

Aseguran que han vivido decenas de anécdotas pero la discreción les impide compartir las más sustanciosas. Además de “casi todas las autoridades de León”, otros personajes ilustres “de León y de fuera” han pasado por sus manos; “han venido y han procesionado con algunas cofradías”. También guardan con celo la información sobre alguna novedad que los asistentes a las procesiones descubrirán en unos días, cuando alguna cofradía -de la capital y de la provincia- sorprendan con novedades en su indumentaria o en la de los pasos que las acompañan. Y se niegan a contar nada más al respecto. Sí quieren opinar sobre la promoción, mejor dicho la escasa promoción que a su juicio tiene la Semana Santa de León, declarada de Interés Turístico Internacional. “Es una pena que fuera se conozca más a Genarín -el pellejero cuya muerte se recuerda la noche del Jueves Santo con una concurrida marcha pagana- que las procesiones tan bonitas que tenemos”, reflexionan.

La dedicación a las prendas de tantas cofradías las mantiene unos tres meses al año más que atareadas. El resto, lo emplean en la confección a medida de capas españolas, togas, prendas de señora y a arreglos diversos. No les quedan muchos años para jubilarse y una vez que está claro que en la familia no va a haber nadie que recoja el testigo de la tienda-fábrica a la que dedican una importante parte de su vida esperan “que alguien esté interesado en ello, porque funciona y sería una pena que desapareciese”.

 

 

 

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