El astronauta leonés desconocido

"Soy leonés de alma, argentino de nacimiento y estadounidense por accidente”, repetía Fernando Caldeiro, el tercer astronauta de la NASA de origen español, junto a Pedro Duque y Miguel López Alegría, de cuya muerte hizo el pasado mes de octubre cinco años y cuya vida recuerdan con cariño en el pubeblo berciano de Toral de los Vados

DA El pasado mes de octubre hizo un lustro de la muerte, por un tumor cerebral, del astronauta de origen español más desconocido, Fernando Caldeiro Caínzos. Nacido el 12 de junio de 1958 en Buenos Aires, su padre, natural de Toral de los Vados, y su madre, leonesa, hija de gallegos, se vieron obligados como otros tantos compatriotas a emigrar, en su caso a Argentina. “Era un apasionado del Bierzo, y a la mínima oportunidad se escapaba de vacaciones a Toral”, recordaban algunos de sus mejores amigos poco después de su muerte.  “Le encantaba tomarse su café con los amigos, y perderse por las montañas”. Y es que Caldeiro era muy querido en Toral de los Vados. De hecho,  la web del Ayuntamiento le dedica una entrañable crónica.

Caldeiro nunca olvidó sus orígenes españoles, aunque su ciudad era Nueva York (EE UU), donde emigraron sus padres en los ‘70. Allí llegó a los 16 años, con poca idea de inglés, pero superó el bachillerato en uno de los institutos del distrito de Queens. En la Universidad Estatal de Nueva York también obtuvo un título en ciencia aplicada en Tecnología Aeroespacial. Después se trasladó a Arizona, para estudiar Ingeniería Mecánica en la universidad del mismo Estado, y licenciarse en 1984.

Al año siguiente comienza a trabajar como “test director” en la producción y pruebas de vuelo del bombardero Rockwell/USAF B-1B, supervisando la entrega de 100 aviones. La empresa para la que trabaja (Rockwell International, hoy Boeing) le traslada en 1988 al Centro Espacial Kennedy (KSC), en Florida, donde se ocupa del sistema principal de propulsión de los transbordadores, y asesora en las labores de tierra y lanzamiento del orbitador Discovery.

Desde entonces Caldeiro vive en lo que consideraría su segundo hogar: Merritt Island, una localidad situada junto al KSC. Allí conoció y se casó con una trabajadora del mismo centro espacial, Donna Marie Emero, con la que tuvo dos hijas. Las costas de Florida también permitieron a Caldeiro practicar uno de sus hobbies, el submarinismo, aunque la verdadera pasión de este piloto era volar. Incluso llegó a construir durante varios años su propio avión experimental.

Nunca pensó en llegar a ser astronauta, pero la suerte le sonrió. En 1991 la NASA le contrata como experto en sistemas criogénicos de propulsión para la Oficina de Seguridad y Asesoramiento de Misión, y en 1995 le beca para cursar un Máster de Gerencia en Ingeniería en la Universidad de Florida Central, aunque el momento decisivo llegaría al año siguiente. La agencia espacial estadounidense abrió en 1996 una convocatoria para seleccionar a diez pilotos y 25 especialistas para misiones espaciales, y entre más de 2.400 solicitudes, Caldeiro fue uno de los expertos elegidos.

“Alas de plata”

En agosto de aquel año le trasladaron al Centro Espacial Johnson, en Houston (Texas), donde superó dos años de duro entrenamiento. Formó parte de la “promoción 16” de astronautas, apodada “Las sardinas”, a la que también perteneció su amigo Pedro Duque, representante de la Agencia Espacial Europea. A Fernando los compañeros llamaban Frank, Frank Caldeiro.

Al finalizar su periodo de formación era ‘especialista de misión’. Había conseguido sus “alas de plata”, que se convertirían en oro el día que viajara al espacio. Hasta que llegara ese momento se le asignaron tareas técnicas y operativas en la oficina de astronautas de la NASA. Caldeiro repasaba constantemente los sistemas de las naves, volaba aviones supersónicos de forma rutinaria y supervisaba los módulos destinados a la Estación Espacial Internacional. Pasó muchas horas en los simuladores de vuelo del trasbordador espacial, pero la llamada para formar parte de una misión al espacio nunca llegaría.

Dos acontecimientos alejarían la posibilidad de conseguir las “alas de oro”. Uno fue el accidente del transbordador Columbia, en febrero de 2003, que se llevó la vida de sus siete tripulantes, tres de ellos compañeros de promoción de Caldeiro. Un golpe muy duro para él, tanto a nivel personal como profesional, por las posteriores cancelaciones y retrasos en los programas de la agencia espacial. Pero en 2007 Caldeiro, que había sido asignado a los vuelos de investigación a gran altitud en la nave WB-57F de la NASA, recibiría la peor de las noticias: tenía un tumor cerebral.

Fernando Caldeiro falleció el 3 de octubre de 2009, a la edad de 51 años, en la ciudad de League City (Texas, EEUU). Luisa María Caldeiro resume así la vida de su primo en un comentario del blog de David Cantero de RTVE: “Aunque su carrera profesional se proyectó hacia el espacio, siempre tuvo los pies en la tierra, junto a su familia y a sus amigos”.

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