Juan López Madrugan y se levantan para ir a trabajar, como los demás; y no se les caen las prendas por ello. Esfuerzo y sacrificio es su lema. Lejos del profesionalismo y los sueldos millonarios dedican horas a sus empleos, pero tienen un punto en común: su pasión por el fútbol. Pescadero, responsable de papelería industrial, recepcionista de taller o conductor de autobús son algunas de las profesiones de los integrantes de la Selección Castilla y León UEFA, que estos días disputa en Estambul la X edición de la Copa de las Regiones.

Para poder estar aquí han pedido vacaciones, días libres, asuntos propios e incluso, en algunas casos, “perdiendo dinero”, como reconoce y valora el seleccionador, Mario Sánchez. Son las historias, pero no las únicas, de los vallisoletanos Alberto Mato y Adrián Pérez, el berciano Roberto García Puente y el soriano Jesús Sánchez. Un grupo en el que hay estudiantes y desempleados, que utilizan este torneo para evadirse de sus preocupaciones unos días.

Gran conocedor del asfalto

Podría ponerse al volante del autobús del equipo por las largas y anchas avenidas de Estambul para llevar a sus compañeros a los entrenamientos y al estadio. Pero Roberto Puente, natural de Quintana de Fuseros (León), ha llegado a Turquía para marcar goles como delantero y participar en el éxito colectivo de la Selección. A sus 30 años es chófer de Alsa y conoce las carreteras bercianas como el salón de su casa. De lunes a viernes realiza una ruta escolar que concluye en Bembibre, en cuyo equipo despuntó para formar después en las categorías inferiores de la Ponferradina y defender desde hace unos años el verde del Astorga.

Tras concluir la ruta con los alumnos empieza otra que une el Bierzo Alto con Ponferrada. “Arranco a las 7,30 y acabo a las 16 horas, en función de como se dé el día”, señala, cuando bus está a punto de llegar al campo de la Federación Turca, en la población costera de Riva.

Desde que juega en Astorga, a la que viaja a diario desde su pueblo, en el que reside, como otros 150 habitantes, Puente ha destacado la “flexibilidad” que el club le ha dado para compatibilizar su empleo con su pasión. “El autobús lo tengo en casa. Allí empiezo y acabo mi ruta”, ironiza el futbolista. Otros tienen un coche. Puente tiene un bus. Este año ha resultado algo más dura porque su temporada ha sido más larga. El club que hasta hace unos días dirigía Sagrario González alcanzó la final por ascender a 2ªB, pero se quedó a las puertas. “En el último mes, tras acabar la jornada laboral, comía rápido y a entrenar. Se hace pesado, pero a quien le gusta no le importarse pringarse más”, se sincera. No deja pasar la oportunidad de agradecer a Alsa las facilidades dadas para que pudiera estar en la Copa de las Regiones. “Me han dado más días de los que me corresponden”.

Alberto Mato, pescadero y jugador de la selección Castilla y León UEFA. / Ical

“Si no me gustara tanto el fútbol, creo que ya lo habría dejado”, sostiene Alberto Mato, pescadero de profesión, que es lo que “da de comer” a su familia. Tras una larga trayectoria en varios clubes de Castilla y León, el último durante esta temporada en el Atlético Tordesillas, ahora medita, con casi 34 años, abandonar la práctica del fútbol a este nivel, al término del torneo turco.

Mato conoce bien los entresijos del sector comercial del pescado, pues hace muchos años que su puesto de trabajo está en Alondra, con cinco tiendas en Valladolid. “De martes a sábado me levanto a las 5,30 horas; voy a Mercaolid a coger la mercancía y tras pasar por la sede, nos vamos de reparto”, desliza. Su jornada termina a las 15 horas, lo que hasta hoy le ha permitido tiempo por las tardes para ir a entrenar y jugar los sábados. No obstante, admite que ha faltado a sesiones por motivos laborales.

“Te gusta mucho el fútbol y por eso lo sigues haciendo”, una afirmación que ha cambiado tras ser padre hace cuatro meses y ver que el deporte rey, a estos niveles, “también resta mucho tiempo para estar con la familia, porque está muy mal pagado”. “Me lo estoy pensando, si me tengo que ir fuera de Valladolid, lo dejo seguro. Y si no, veremos si sale una opción cercana”, sentencia Mato, quien reitera que “el fútbol engancha y es difícil salir”.

Lo sabe bien Jesús Sánchez, a quien todos conocen como ‘Jesu’. Tiene la fortuna de vivir, jugar y trabajar en su pueblo, Almazán, una localidad soriana de unos 6.000 habitantes con un club en Tercera División desde hace muchos años que incluso llegó a jugar el play off por ascender. De hecho, se da la circunstancia de que es también uno de los seis directivos del equipo, por el que no tiene sueldo “ninguno”. “Es más, uno está en el bar de La Arboleda, el campo de fútbol, otro es el jardinero, otro ayuda en otras cosas… Y así estamos. Sin otro trabajo no podríamos vivir del fútbol”, se expresa.

Con 34 años, muchas veces se ha planteado decir “hasta aquí” y dejarlo para centrarse en su empleo, en la fábrica que Lecta tiene en Almazán para producir papel adhesivo.

En ella, con turnos de mañana, tarde y noche, ‘Jesu’ es el encargado de la máquina de producción. No es baladí. “El aparato tiene 90 metros de longitud, aunque se controla desde un ordenador, con una velocidad de 500 metros por segundo en la que el papel, en un proceso que se mezcla con silicona, acaba en bovinas de hasta diez kilómetros de largas por dos metros de anchas y un peso de tres toneladas”. Eso habla de la responsabilidad del jugador en su puesto, como la que tiene sobre el campo en esta Selección y en la concentración, donde todo el grupo le tiene gran aprecio. Algunos se dirigen a él como ‘presi’. Es un paralelismo, también, de lo que sucede en su club. Él mismo admite que a veces piensa “que intenta abarcar mucho, y todo por el amor al fútbol”.

Para ‘Jesu’, el ambiente de profesionalismo que se respira en la Selección no es nuevo. Jugó dos temporadas en el Conquense, en 2ª B, y en ese momento “tenían dinero, pero luego reventó la burbuja de la construcción y los clubes modestos…” Debutó en 3ª con 16 años, “muy joven”, y opina que ahora “no hay tanto tirón por el fútbol en las nuevas generaciones”. “Es sacrificado si no tienes un premio. Pero también creo que no me van a retirar nunca”, ironiza. Pero reitera que vive de la fábrica, como otros 150 de su localidad, que próximamente serán 200.

Casi no hay tiempo para todo

“Te metes en la cabeza que no hay tiempo para todo y eliges”. Lo afirma Adrián Pérez, vallisoletano que acaba de renovar con el Zamora. Viajar a entrenar casi a diario a la ciudad del Duero le supone “un sacrificio”. “Pero es lo que más me gusta”. Sale de casa a las 6,30 horas para trabajar en Muvesa Mercedes, en Valladolid. Allí es encargado de recepción de vehículos en el área de carrocería y hace un seguimiento del coche “desde que entra hasta que sale del taller”. Cuando acaba la jornada laboral empieza la otra. Arranca y a entrenar. “Suelo llegar a casa sobre las doce de la noche”, desliza.

Adrián lleva los genes del deporte en la sangre. Sus hermanos, Roberto, Rubén y Francisco también han formado parte del deporte de élite, en el fútbol y el balonmano. Pero sus 25 años constatan que por jugar al fútbol puede haberse perdido momentos lógicos de su edad. “Es cierto que muchos sábados tus amigos juegan la partida o salen a tomar algo y yo me reservo porque he jugado o juego el domingo. Pero es lo que he elegido y me gusta”, sentencia.