Ángel Prieto, conocido en Ponferrada como el ‘Guarnis’, fue el pionero del ciclismo en la comarca del Bierzo, con la fundación, en 1917, de Bicicletas Prieto, un negocio desde el que organizó las primeras carreras ciclistas que se celebraron en la zona. Un siglo y dos generaciones de la familia más tarde, el negocio familiar sigue cabalgando sobre dos ruedas de la mano de Sebastián, nieto del fundador y creador de la escuela municipal de trial Sebastrial en la capital berciana.

A sus 87 años, Ángel, hijo del fundador del negocio, recuerda que su padre también contribuyó a crear y fue uno de los primeros jugadores de la Sociedad Deportiva Ponferradina y “llegó a tener algo de sociedad” con el fabricante gallego de bicicletas Honorino Méndez. “Yo me dediqué a correr en bicicleta y gané varias carreras en León y en Ponferrada. No podía salir fuera porque no había medios ni dinero”, explica.

Pasados los años, el ‘Guarnis’ entró en contacto con la marca inglesa Hércules, que enviaba sus bicicletas en cajones de madera de seis unidades. “Mi padre luego le regalaba los cajones a los pimenteros de Ponferrada para que fueran a venderlos a Léon”, recuerda Ángel, quien con tan sólo diez años ya empezó a armar y desarmar ruedas y a conocer el mundo de la mecánica y las reparaciones de automóvil desde la fosa de un antiguo aserradero, que utilizaba como taller. “A los 16 ya montábamos y desmontábamos, hacíamos de todo. El coche que nos sirvió de aprendizaje fue el primer coche fúnebre que hubo en Ponferrada”, recuerda el hijo del fundador del negocio.

Con los conocimientos que adquirió en el mundo de la mecánica y el bagaje familiar del mundo de las dos ruedas, al volver del servicio militar, allá por 1948, Ángel puso en marcha su primer experimento para acoplar un motor a una bicicleta. “Al probarla y ver que funcionaba, intentamos perfeccionarla porque no tenía ni suspensión”, explica Ángel. “Hice bastantes modelos, uno se vendió mucho y le pusimos de nombre ‘Viajante’, porque todas las motos las compraban viajantes de la zona”, recuerda. Un año más tarde, Ángel tuvo su primera moto, una Soriano salida de la primera fábrica de motocicletas que abrió en España, de la mano del ingeniero, deportista y diseñador Ricardo Soriano Scholtz von Hermensdorff, marqués de Ivanrey.

 Fabricación artesanal

Ya centrado en el mundo de la motocicleta – “el negocio de la mecánica fue cosa mía”-, Ángel intentó poner en marcha una fábrica de montaje en serie, aunque las gestiones acabaron poniéndolo al frente de la distribución en la zona de las motocicletas de la empresa Montesa. “El jefe de fábrica de Montesa era un amigo mío, antiguo ingeniero de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP)”, recuerda Ángel, que presume de vender el 70 por ciento de las motos que llegaban a la provincia, pese a que la representación se hacía sólo en la capital. “Me adjudicaron a mí la distribución, porque yo tenía muy dominado el Bierzo. Se vendió muchísimo, cada dos meses llegaba un tráiler con 72 motos”, explica.

Además de la distribución propiamente dicha, Ángel también se dedicó a transformar motos fabricadas, introduciendo mejoras en el motor, el chasis o en los sistemas de control. Este anticipo de lo que más tarde se llamaría ‘tuning’, realizado en la década de los 50, alumbró varios modelos para los que Ángel diseñó y fabricó de manera artesanal el chasis, la horquilla, los guardabarros, el manillar, el depósito o los frenos de tambor.

“Tenía un chapista amigo que soldaba los chasis que yo diseñaba con cartabón, sólo usábamos componentes prefabricados como las llantas, que únicamente hacen los fabricantes”, explica Ángel, que recuerda con cariño una bicicleta que adaptó para su hijo a la que bautizó como ‘Rumorosa’, por el característico ruido que producía el motor de madera que le había acoplado. “Todo andaba muy escaso y cuando un cliente se hacía con un motor, nosotros le hacíamos el chasis”, explica el creador de los modelos híbridos. “Al final me absorbieron y yo dejé de fabricar, pero no estábamos muy lejos”, reivindica, mientras muestra las similitudes entre sus modelos adaptados y los realizados por los fabricantes.

En aquella época, Ángel organizó varias carreras de velocidad en circuito urbano en las calles de Ponferrada y formó, junto a los pioneros de la motocicleta en la comarca, un equipo para ir a ver las pruebas cercanas y para hacer alguna excursión. En cuanto al negocio, la distribución de motos de carretera se dejó de lado para centrarse en la moto de montaña y sus diversas disciplinas: el trial, el enduro y el motocross. “Organizamos y participamos en varias pruebas”, recuerda Ángel.

El ‘Gurú’ del trial

Si el ‘Guarnis’ había sido el rey de la bicicleta en el Bierzo y su hijo había dominado el mundo de la moto, Sebastián, el nieto del fundador, es un referente del universo del trial en la comarca y más allá de sus fronteras, hasta el punto que los aficionados de la modalidad lo conocen como el ‘Gurú’. Su padre, que ya había abierto el camino a la especialidad cuando el deporte apenas contaba con un nombre fuera de Cataluña, le inculcó el amor por el trial. “A mí siempre me gustó la velocidad, pero mi padre no me dejaba correr en carreras, así que había dos opciones: o trial o motocross, pero el motocross no me acababa de gustar porque es muy sucio”, explica Sebas, que recuerda que ya tenía práctica en yincanas de equilibrio en moto, una disciplina muy parecida al trial. “Un amigo mío se compró una moto de trial y me metió la fiebre cuando tendría yo unos 16 años”, rememora.

Tras su envidiable carrera como piloto y después de haber participado en varios campeonatos de la modalidad, Sebas se volcó en la organización de pruebas, entre las que destaca el Trial de la Encina, que se celebra cada año a principios de septiembre en Ponferrada y del que él es el alma máter. Pese a la poca ayuda con la que contó en un principio, sus años de maestría adquirida sobre la moto y sus ganas de enseñar lo llevaron a crear una escuela, Sebastrial, por la que han pasado decenas de pilotos, entre los que se cuentan los ganadores de las tres últimas ediciones del campeonato autonómico de la especialidad.

La escuela, que desde hace diez años depende de la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Ponferrada, y el Club Deportivo Moto Bierzo, que ha logrado éxitos a nivel regional e incluso una copa de España en la categoría juvenil en el año 2009, son las dos patas en las que Sebas apoya su proyecto para transmitir el conocimiento que le viene de familia.

Y entre tanto, el negocio continuó adelante con la venta de motos nuevas, la distribución de recambios y accesorios, las reparaciones y revisiones típicas de cualquier taller mecánico. En ese sentido, Ángel no oculta su orgullo cuando explica que “Sebas cogió el testigo” del taller, que aunque se orienta al mundo de la moto en general, está enfocado en el trial. “Es lo que le gusta”, recuerda Ángel, que explica divertido que su rol a día de hoy en el negocio se resume en “aportar mi ayuda en el papeleo, porque en la mecánica no me dejan trabajar”. “Yo sigo en la afición de la mecánica, conservo la maquinaria de mi finca y tengo un sitio particular en el que conservo mis motos para poder darles un toque. Aunque la edad me limita, yo sigo con la misma ilusión, y me gusta meterme en el pequeño taller particular donde conservo mis motos y mis bicicletas”, explica.

Fotografía antigua de una de las pruebas motociclístas en Ponferrada, organizado por la familia Prieto, cuyo negocio cumple cien años. / C. Sánchez

 

 

Fotografías antiguas de varias de las pruebas motociclístas en Ponferrada, organizadas por la familia Prieto, cuyo negocio cumple cien años. / C. Sánchez

 

 

Fotografía del 1º Trofeo Motociclista “Ciudad de Ponferrada”, durante las fiestas de la Encina de 1973, organizado por la familia Prieto, cuyo negocio cumple cien años. / C. Sánchez

 

Un futuro brillante

En cuanto al futuro que le espera a esta aventura nacida hace un siglo, la que será la cuarta generación de la familia al frente del negocio ya se prepara para asumir las riendas, o mejor dicho, el manillar del centenario taller. La hija pequeña de Sebas, Ainhoa, ultima sus estudios de administrativa, que combina con la práctica del trial en su tiempo libre. “Me siento orgullosa de poder asumir algún día el testigo de esta historia”, explica la benjamina de la familia, biznieta del fundador.

Su abuelo, con el orgullo henchido, bromea con que “Ainhoa tenía que haber sido chico, pero estamos contentos de que sea chica” y valora que la joven “haga sus pinitos” con la moto de trial en las competiciones en las que participa de la mano de la escuela creada por su padre. Una afición que continúa con un legado familiar que acumula un siglo de duración.

Sebas Prieto (2D), junto a varios de sus alumnos de su escuela de trial ‘Sebastrial’, que forma parte del negocio familiar del que se cumplen cien años. / C. Sánchez