El 26 de febrero de 1976 se arriaba la última bandera española en el Sahara. España abandonaba sin luchar una de sus colonias más emblemáticas y que más dolores de cabeza le habían dado. Fue un proceso degenerativo con dos vectores. Uno interno y otro por la presión ejercida por Marruecos.

 

La situación española era de crisis política total. El general Franco se moría y había un cierto vacío de poder. España se encontraba sin apoyos exteriores y no fue elegido el momento para provocar el conflicto por parte de Marruecos  de forma aleatoria. Estuvo muy bien pensado y la oportunidad no puede negarse al rey Hassan II.

 

Tampoco puede negársele al rey alauí la estrategia empleada porque no buscó una confrontación militar directa, de resultado incierto para sus intereses, sino que lanzó una masa de civiles a colonizar el territorio con el fin de provocar la reacción militar española y con ello que recayera sobre España la crítica internacional. Debe decirse que esta estrategia según algunos estudiosos del tema se diseñó por analistas británicos contratados precisamente por el rey marroquí en Londres. Sea como fuere le dio resultado.

 

En palabras del historiador y militar José ramón Diego Aguirre, la posición sobre el Sahara en España no era unánime. Así en 1966 el general Muñoz Grandes era partidario de la soberanía marroquí sobre el territorio a cambio de acuerdos económicos privilegiados. Algunos ministros  como  Solís Ruiz mantenían al menos una postura de diálogo con Marruecos desde la década de los años sesenta respecto de esta cuestión.

 

España siendo consciente del enfrentamiento que se avecinaba con Marruecos propone en 1974  la celebración de un referéndum de autodeterminación. Esto no interesaba a Marruecos dado que el resultado sería desastroso para sus intereses porque el resultado más que previsible sería el surgimiento de un nuevo Estado independiente de Marruecos.

 

Marruecos decide contrarrestar  la iniciativa española  proponiendo a España acudir al  Tribunal Internacional de Justicia  en el sentido de analizar si el Sahara era “res nullius” es decir, tierra de nadie cuando los españoles la ocuparon, o por el contrario reconocer los derechos de Marruecos. Si España no aceptara este arbitraje, Marruecos pediría a la Asamblea General de la ONU un dictamen sobre el asunto.

 

España rechaza ambas soluciones porque considera que se trata de un mero caso de descolonización en el que la ONU ya había previsto que la solución era la autodeterminación. No obstante Marruecos desencadena una batalla diplomática para conseguir apoyos a su tesis. Argelia le apoya y la VII conferencia de la Liga Árabe también.

 

Comienza una verdadera batalla en al Asamblea General de Naciones Unidas por cada una de las partes para conseguir sus objetivos. Finalmente, a iniciativa de Alto Volta, Siria e Irak, la ONU emite la resolución 3292 favorable a la consulta al Tribunal Internacional de Justicia.

 

España siempre mantuvo la independencia del Sahara. El Tribunal emitió un dictamen el 16 de octubre de 1975 totalmente contrario a los intereses de Marruecos por cuanto estableció que el Sahara nunca fue “res nullius” sino que tuvo siempre, incluso a la llegada de los españoles su propia autonomía de gobierno. También establecía que no existía ningún vínculo de soberanía territorial entre el Sahara Occidental (que así se denominaba al territorio) y Marruecos. Concluía el tribunal que lo procedente era iniciar un proceso de descolonización. Pero, dejó una puerta abierta a la esperanza marroquí y también de Mauritania al reconocer ciertos vínculos jurídicos de parte de la población del Sahara con estos países.

 

Esos vínculos jurídicos reconocidos fueron lo que permitió al rey Hassan II poner en marcha la nunca mejor dicho “marcha verde”. Pretendía ocupar el territorio antes de que la ONU emitiera una resolución en los términos del dictamen del alto tribunal.  Parece evidente que España estaba al tanto de la organización de esta marcha puesto que los servicios de información españoles eran muy fuertes en Marruecos. Pero era inevitable que ocurriera. Una vez más EEUU y Francia apoyaron a Marruecos frente a España junto con un número importante de países occidentales y su prensa.

 

Ante esta situación  se puso en marcha la “operación  Golondrina” que suponía la retirada española del Sahara. Se permitió entrar a la marcha verde en el territorio y las negociaciones entre España y Marruecos concluyeron con los “Acuerdos de Madrid” que supusieron el abandono total del Sahara en febrero de 1976.

 

España renunció a todos sus postulados anteriores del derecho a  la autodeterminación. Abandonó al pueblo saharaui a su suerte y estos, a través del Frente Polisario, iniciaron un conflicto armado que aunque latente no se ha resuelto todavía.

 

Militarmente el conflicto podía haberse resuelto de forma favorable para España, pues las fuerzas destacadas en la zona eran mucho más potentes que las de Marruecos además de estar muy bien entrenadas. A pesar del apoyo internacional Marruecos nunca quiso un conflicto armado con España porque sabía que lo tenía muy difícil.

 

Fue la debilidad del jefe del estado, el avistamiento de un nuevo régimen político, un mundo donde el colonialismo estaba mal visto, lo que determinó que la corriente de abandono se impusiera.

 

Las consecuencias del abandono del Sahara son de todos conocidas: problemas pesqueros, pérdidas económicas por el abandono de las minas de fosfatos, incertidumbre política de la zona, y una población autóctona que reside en campamentos y vive de la caridad internacional.

 

Problema de difícil solución y todas las que se han intentado han fracasado. La clave radica en que un Sahara independiente debilitaría a un presuntamente aliado como es Marruecos.