José Luis Castro Pérez fue nombrado a finales de 2016 vicario general de la diócesis de Astorga, relevando en el cargo a Marcos Lobato, recientemente jubilado. Originario de Santa María del Páramo, Castro estudió en el seminario de La Bañeza y posteriormente en el de Astorga, donde completó la Educación Secundaria y los Estudios Eclesiásticos. Después de hacer el servicio militar obligatorio, fue destinado como vicario parroquial a la Basílica de la Encina, en Ponferrada, cargo que ostentó hasta sus estudios en Roma. A su regreso, fue destinado al Colegio Diocesano de San Ignacio, también en Ponferrada, primero como responsable de Pastoral durante 4 años, y los últimos 12 años como director.

Como vicario general, Castro tiene que moderar la curia diocesana, así como coordinar la actividad administrativa de las vicarías episcopales y las delegaciones adscritas a ellas. De igual manera, debe participar en diversos consejos y comisiones en los que se deciden todos los aspectos pastorales y administrativos de la diócesis. Por el momento sigue viviendo en Ponferrada, dado que es responsable de su madre. No obstante, ya ha informado que de cara a la primavera pretende mudarse a residir definitivamente en Astorga.

¿Cómo acogió la petición del obispo de hacerse cargo de la vicaría general de la Diócesis?

Como una responsabilidad de servicio. En los últimos meses ha habido un cambio grande en la organización diocesana. Por este motivo, y coincidiendo con la jubilación de don Marcos, el obispo, que es el máximo cargo de la Diócesis, me ofreció el puesto, para mí es una muestra de confianza.

Sabemos que nuestra vida sacerdotal tiene muchos destinos pastorales diferentes. Uno no puede estar haciendo lo mismo. Es un cargo difícil que exige mucha atención, tensión y estar presente en mil decisiones. Es un servicio que presto a la Diócesis para la que me ordené.

¿Cómo resulta hasta la fecha ser el vicario general?

Es una tarea muy diferente a todas las que había realizado hasta ahora, que necesita un periodo de adaptación hasta que uno reconoce el funcionamiento. Supone estar mucho más en contacto con la realidad de la Diócesis en un aspecto global: sacerdotes, arciprestazgos… También la resolución de problemas que vayan surgiendo.

Hasta ahora han sido meses de conocer el trabajo. Como en cualquier cargo de gobierno, pesa la responsabilidad, así como el ser un colaborador directo del obispo. Por ahora estoy aprendiendo a ejercer en el cargo. No tenía un conocimiento de la actividad del puesto. Sin embargo, no tiene un carácter tan administrativo como pensaba. Sino que el contacto con los sacerdote me ha sorprendido y es muy gratificante, poder ayudar.

¿Qué planes tiene de cara al futuro de la Diócesis?

Los planes son los mismos que los de la Diócesis y los que tenga el obispo. En primer lugar reorganizar la Diócesis y poner en marcha el nuevo plan diocesano, que cuenta con la intervención y participación de muchos sectores. En el día a día, resolver los problemas diarios, sabiendo que tenemos la realidad de un clero que tiene bastante edad y tenemos que atender todas las parroquias que van quedando libres.

Estamos acabando el plan pastoral, y desde que se formó el nuevo equipo de gobierno hemos visitado todos los arciprestazgos. Ha sido una tarea muy interesante poder conocer los problemas del día a día de los sacerdotes, y ha servido para que nos conozcan. Junto al obispo hemos ido presentando el nuevo estatuto de la curia diocesana, donde se presenta la nueva configuración territorial de las vicarías: Astorga y Ponferrada, así como la organización de las delegaciones diocesanas.

¿Qué puede aportar su experiencia a este cargo?

La experiencia de más de 25 años como sacerdote siempre ayuda, porque tienes una visión más madura de la Diócesis y la Iglesia. Al ser un nuevo cargo y una nueva responsabilidad uno siempre tiene ideas y motivación. En cuanto a lo que puedo aportar, sólo el tiempo lo dirá. Por el momento tengo para aportar ganas, ilusión y compromiso, y espero que todo ello acompañado con acierto.

¿Cómo está la situación de las investigaciones acerca de los abusos a menores en la Diócesis?

Para nosotros fue una situación heredada, nos ha tocado resolverla, y en última instancia al obispo. Hemos actuado siguiendo los protocolos establecidos por la Santa Sede para este tipo de casos, en contacto con los responsables de la congregación para la doctrina de la fe, sabiendo que son ellos los que tienen que ir guiando en esta situación. La Diócesis debe hacer las investigaciones pertinentes, estamos hablando de situaciones que han prescrito tanto civil como eclesiásticamente.

Las investigaciones siguen adelante y llamaremos a los testigos. De igual manera no dejaremos de manifestar nuestro dolor y reiterar la petición de perdón a las víctimas de estos casos. Seguiremos trabajando para que podamos llevar a buen puerto esta investigación y que esto no se repita en un futuro, estableceremos todas las comunicaciones necesarias con las personas que se dedican a la pastoral de la Diócesis para que estos casos no vuelvan a suceder nunca más.

¿Cuál es la situación actual del execónomo de la Diócesis, Ángel Lucio Vallejo?

Vallejo está ahora en una situación de libertad condicional de la pena que se le impuso en el Vaticano. Como depende de la Diócesis es el obispo quien lleva la relación con él. El obispo decidirá qué pasará en su relación con la Diócesis. Desconozco su paradero a la fecha.

Una de las ideas propuestas por el obispo es la ordenación de laicos para las celebraciones. ¿Cómo se implementará?

En la mayoría de los casos, los sacerdotes ya tienen una edad superior a los 65 años. Lógicamente esto supone que tengamos que echar una mirada al futuro para ver cómo solucionar este problema en los años sucesivos, sin por ello dejar de atender pastoralmente todo lo que estamos haciendo. Esperamos que haya más vocaciones, pero si no cambia la situación tendremos que hacerlo con muchos menos sacerdotes. El sacerdote no puede estar en todos los sitios. Hay sacerdotes con 10 o 15 pueblos, ya es difícil atenderlos ahora, en el futuro más.

El plan, que ya se ha implementado en muchas parroquias de la Diócesis, y con mucho éxito de aceptación, consiste en reunir a la comunidad cristiana se reúne, para escuchar la palabra de Dios. Es una manera de santificar el domingo, que no pierdan el ritmo de oración. Es mucho mejor que no tener nada. Iremos creando cada vez más equipos litúrgicos, donde los laicos tienen un protagonismo especial.