Renfe y ADIF, ADIF y Renfe. Ella sola se murió y entre todas la mataron. El juego de grandes empresas con decisiones tomadas lejos y sin conocer realmente la idiosincrasia de la zona produce situaciones alarmantes, injustas y hasta contradictorias.

A principios de semana, a través de un comunicado al Comité de empresa de ADIF se anunciaba la pretensión de sustituir el servicio de expedición de billetes e información de las estaciones de Sahagún y Astorga. La alternativa era un servicio mecanizado o la venta «on line». Pero en la realidad, lo que se pretende es rebajar a apeaderos las estaciones, con todo lo que lleva de despidos y desmontar servicios añadidos.

Los criterios empresariales del volumen de viajeros, mercancías y demás seguramente encajen en las cabezas pensantes del servicio público de ferrocarril, pero sonroja hacerse a la idea de que la extensa provincia de León se quede, si nadie lo remedia, con solo dos estaciones: León capital y Ponferrada. Todo un despropósito.

 
Astorga cuenta con la ventaja de encontrarse en el centro de la provincia geográficamente, con lo que facilitaría a las comarcas limítrofes los desplazamientos. Además de ser Camino de Santiago y cabeza de la Ruta de la Plata, se añade la importancia y proyección turística histórica de su ciudad. Su alcalde, Arsenio García, el primer edil del PP en la democracia, ha estado rápido en concentrar el apoyo de parlamentarios leoneses de su partido, en aunar a todas las fuerzas políticas e institucionales con un Pleno y una moción conjunta donde defienden su estación. La Diputación de León también ha recogido el guante con una próxima moción en favor del servicio que se quiere extinguir. Y así, varias iniciativas más que pasan también por reuniones al más alto nivel de Renfe. Este tipo de cosas son las que fijan población, dan calidad de vida y crean riqueza.

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