Justo cuando el ex presidente Rodríguez Zapatero abandonaba El Bierzo, con un duro y seco toque de atención sobre el futuro de la Ciuden, llegaba a la capital leonesa quien debiera haber sido su sucesor, el diputado vasco Eduardo Madina. Pero el PSOE optó por la vieja guardia y entronizó a Rubalcaba, quien, a la postre, ofreció más de lo mismo. También lo intentó la malograda Carmen Chacón con el mismo resultado. Madina y Chacón representaban la savia nueva, el aire fresco, el regeneracionismo y la transformación. Pero no hubo lugar.

Madina vino a León a cumplir una vieja promesa para hablar de la ponencia marco del próximo Congreso Federal del PSOE. Sin duda, una cita importante, pero con poco respaldo. Medio aforo  y gente muy mayor. Es el panorama habitual del PSOE leonés, sobre todo de quienes están fichados como susanistas, aunque en este caso Madina representaba más a la Gestora que a la candidata andaluza. En la visita de Patxi López de hace unas semanas sucedió lo mismo: menos de la mitad de entrada del salón de actos y espectadores de edad avanzada.

En ese cuerpo lánguido, melancólico, alto y delgado, Madina alberga una clara inteligencia y una alta capacidad de estrategia. Puede pasar por un directo discípulo de los jóvenes filósofos franceses de los sesenta y setenta. Lleva la socialdemocracia en la sangre y en las neuronas. Se posiciona claramente como federalista, laico, europeísta, demócrata, agnóstico, socialdemócrata y continuador de la obra del viejo líder socialista y paisano Ramón Rubial, de quien rescató una frase lapidaria: “El PSOE no es un líder, es un partido con un líder y con un proyecto colectivo”.

No está la militancia socialista para ejercicios intelectuales. Prefiere la acción al pensamiento. La confrontación de personas al debate. El choque de trenes al diálogo y al consenso. Y hay versos sueltos como Madina que predican en el desierto las ideas de la moderna socialdemocracia europea. Prevalece la estrategia provocadora de Pedro Sánchez. Él contra todos. Solo ante el peligro. El martirologio. Y Madina tratando de poner parches ideológicos. Vano intento. No hay lugar para el pensamiento.

Dijo Madina que el futuro de España pasa por Europa y por la combinación del tridente: globalización, pero regulada; democracia, pero abierta al mundo; y soberanía, pero dentro de la Europa de los 27. Todo un tratado. Lo mismo que cuando hizo hincapié en la necesidad de aplicar una tasa a las transacciones financieras y en un gobierno económico de Europa. Y dejó helado al auditorio, que ya comenzaba a aburrirse, con un dato demoledor: La universidad privada de Harvard tiene más presupuesto al año que todas las universidades públicas europeas. Sintomático, de ser cierto.

Madina hizo hincapié en que la izquierda en España sólo puede ser abierta, laica, agnóstica, europeísta, social, secularizada y defensora de los derechos y las libertades de los ciudadanos. Y, sobre todo, independiente. Contraria a los  pactos. “No hay atajos para gobernar. Sólo se gobierna ganando unas elecciones, teniendo mayoría”. Un claro rechazo a los pactos a la alemana, con el PP.

Y se mostró optimista. Como lo era Chacón. Como lo es Zapatero: “El PSOE no es un partido minoritario sino de mayorías. Del próximo Congreso, el PSOE va a salir más fuerte, unido y sólido”. Y concluyó: “Del resultado del Congreso del PSOE dependerá el futuro de España”.

Un vecino de asiento, un viejo luchador socialista, dio un respingo en su sillón y sólo se calmó cuando Madina se declaró  a favor de la ruptura del Concordato con la Iglesia y que reprochase al Gobierno de Rajoy la orden de que las banderas de los cuarteles estuviesen a media asta durante la Semana Santa y no se hiciese lo mismo en memoria de la difunta Carmen Chacón, ex ministra de Defensa. “Este es de los nuestros” sonrió al fin el vecino de asiento, más reconfortado en sus principios socialistas de lucha contra la dictadura.