Como diría Goethe, “la mayoría gestiona su tiempo como su dinero, sólo se preocupan de él cuando ven que se acaba”. Tenemos que entender que el tiempo es un recurso que todos tenemos, pero es necesario aprender a utilizarlo de forma inteligente. Cuando uno se propone conseguir lo que quiere, lo primero que tiene que hacer es planificarse. Organizar de manera eficaz y el tiempo que cada uno tiene, es un elemento esencial para rentabilizar el trabajo y mejorar la calidad de la vida laboral y la personal. Una buena planificación genera muchas horas ganadas: ahorrarás tu tiempo y el de los demás. 

Para esto no es necesario ser un gran estratega: 10 minutos de reflexión hacen maravillas. Elimina la mentira de que no tienes tiempo. Dedica esos 10 minutos a planificar como si tu vida dependiera de ello, porque depende. Nunca es demasiado el tiempo invertido para planificar. ¡Planifica como quieras, pero planifica! El primer paso en la planificación es saber a dónde quieres llegar. Hay que saber que es lo que queremos hacer y a partir de ahí empezar a diseñar un plan. Se trata de tener una dirección que seguir. Es mucho más fácil saber lo que vas a hacer a corto plazo si tienes claro el largo. Si eres consciente de tus objetivos, trabajarás en ellos con mayor intensidad. Recuerda, si no eres capaz de planificar tu futuro, otros lo harán por tí.

El siguiente paso consiste en diseñar cuando y cuanto tardarás en hacer lo que quieres. Ten en cuenta que nunca tendrás tiempo para todo, pero si para lo importante. Siempre encontramos tiempo si nos lo proponemos. Algunos ejecutivos tienen intervalos de tiempo en blanco en sus agendas. Está demostrado que son más productivos que los que sobrecargan sus días. Pero sin duda, una de las claves, quizá la más efectiva, es no levantarte hasta terminar un trabajo importante. ¿Conoces el efecto Zeigarnik? Es una de las teorías de psicología aplicada más interesantes y útiles del pasado siglo XX. Aplicar esta teoría en el día a día, te servirá para convertirse en una persona más productiva. El efecto Zeigarnik se basa en decir que las personas recordamos mejor las tareas incompletas o interrumpidas que aquellas tareas ya completadas o que hemos terminado de una sentada. Una tarea incompleta o un proyecto inacabado crea en nosotros una tensión que tan sólo es liberada cuando completamos lo que empezamos. Hay una tendencia o necesidad por terminar lo que se empieza y el no hacerlo genera en nosotros unos pensamientos incómodos que nos acompañan hasta que finalmente lo terminemos.

Cuando tenemos una tarea que queremos llevar a cabo aparece una resistencia que nos dificulta ponernos manos a la obra, ya que mentalmente imaginamos lo costoso que nos va a resultar terminarla. Pues bien, gracias a Zeigarnik y a su teoría, ahora sabemos que la mejor forma de completar algo es simplemente empezar. No importa por donde empieces, simplemente siéntate y empieza por donde sea. 

Despacho Ábaco