En otras ocasiones y a la par que los acontecimientos, hemos ido describiendo en esta misma columna el campo de minas que había quedado sembrado en el Ayuntamiento de Ponferrada tras el paso del denominado Bipartito, exPP y exPSOE en coalición.

Pero es que últimamente la tensión y los tira y afloja tanto por dentro como por fuera en la dinámica diaria que envuelve a la capital del Bierzo se han intensificado. El asunto ha traspasado la frontera de la lógica dialéctica política, siempre en liza por el juego democrático de Gobierno y Oposición local. La judicialización se ha convertido en norma; un día para las empresas que aspiraban a los megacontratos de servicios públicos como las basuras, limpieza y jardines. Las amenazas de huelga en fechas tan claves como la Semana Santa. Las famosas Cuentas del Mundial de Ciclismo. La no aplicación de la sentencia que obliga a devolución de los sueldos mal cobrados en la etapa anterior. La prórroga del Transporte Urbano Público… No ha habido ni hay un solo día en que no se dé una vuelta de rosca más a tanto desaguisado que el gobierno en minoría del PP intenta solventar.

Pero como periodista, como conocedor de nuestro oficio y al igual que el resto de la opinión pública medianamente formada e informada, sabemos que los medios de comunicación tienen propietarios y líneas editoriales que caminan en equilibrio con el respeto a las leyes básicas y a la libertad de expresión y opinión. Sin embargo, la grey de nuestro gremio creía desterrados el chusco modelo de medio de comunicación en manos de personas que sólo ven en sus manos un arma con la cual amenazar y amedrentar alcaldes, con campañas consentidas por mamporreros que ensucian la profesión periodística; todo con el fin de doblar voluntades de cualquier color porque el único al que idolatran es al color del dinero.

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